"Sin título" Dani Karavan


 


Escultura del artista Dani Karavan, Parque Juan Carlos I, Madrid

El Duero nublado


De Fermoselle a Bemposta, detuvimos el coche en la orilla de la carretera. Llovía, así que me pensé mucho lo de sacar la cámara. Es una panorámica de tres fotos, tomadas con prisa y sin trípode.

Casas colgadas. Fermoselle


Hay lugares donde encuentras paisajes naturales extraordinarios, en otros encuentras cultura y modos de vida peculiares, en otros puedes encontrar amigos, y existen otros extraños lugares donde se da la carambola de encontrar todo ésto junto.  
De "Las Arribes del Duero" habíamos oído hablar, pero no conocíamos su potencial hasta hace bien poco tiempo y quisimos aprovechar estos últimos cuatro días de vacaciones para visitarlo.
Fermoselle es uno de los pueblos principales, pertenece a la provincia de Zamora. Uno de sus mayores atractivos es su ubicación, construido sobre un cerro. El propio pueblo aparenta una fortaleza.
Construyeron las casas encaramadas sobre piedras de granito, forman calles estrechas y para llegar a lo alto del pueblo, donde hay algunos miradores, hay que ganar una considerable altura caminando entre sus calles. 
Bajando hacia el río Duero formaron los bancales, donde se cultivan árboles frutales y olivos,  incluso hay alguna plantación de naranjas, (No, no me he equivocado, naranjas y aceite en Zamora) parece ser que la temperatura asciende varios grados conforme se bajan las arribes, favoreciendo éstos cultivos. También es una zona rica en viñas, donde cultivan una variedad exclusiva de uva, de cuyo nombre no consigo acordarme. (Inconvenientes de confiar todo a la memoria).

Un invierno lluvioso


Antes de que cargasemos con la maleta y la cámara en estos pocos días de vacaciones, nos dimos una vuelta por el norte de Guadalajara. En todo el tiempo que llevamos visitando la zona, es la primera vez que hemos visto estas lagunas tan llenas de agua.

Laguna El Raso

El sol se esconde tras los cantiles de Rivas. Es la laguna de El Raso, en el Parque Regional del Sureste de Madrid
Estas lagunas son producto de la explotación de la zona como graveras, hoy muchas de ellas estan abandonadas y la naturaleza ha ido moldeando su actual fisonomía. (delicada fisonomía con muchas sombras sobre su futuro). Antaño fueron tierras de cultivo regadas por el río jarama.
Detrás del carrizal encontraremos una rica diversidad de aves acuaticas, abril es uno de los mejores meses para acercarse por aquí. Aunque se mantiene una interesante población de aves durante el invierno (Somormujos, Garzas, Fochas...), estas lagunas se inundan de vida en primavera, estan catalogadas en el parque 179 especies de aves, 16 especies de anfibios y reptiles, 21 especies de mamíferos y 11 especies de peces, sólo a 15 km. de la gran ciudad. (No os dejéis el teleobjetivo, tampoco el gran angular ni el macro).

Arribes Del Duero. Fermoselle

   Ese día...

 

    Pasamos por Fermoselle, nuestra idea era continuar hasta el río Duero y detenernos sobre el puente que cruza a Portugal, quizá allí hubiésemos encontrado un curioso paisaje desde donde sacar fotos y recordar también "el sermón de los peces" que el viajero Saramago pronuncia al comienzo de su "Viaje a Portugal".

   "Venid acá, peces, vosotros, los de la margen derecha, que estáis en el río Douro, y vosotros, los de la margen izquierda, que estáis en el río Duero, venid acá todos y decidme cuál es la lengua en que habláis cuando ahí abajo cruzáis las acuáticas aduanas, y si también ahí tenéis pasaportes y sellos para entrar y salir..."

   Debido a la lluvia, que impedía reconocer cualquier horizonte en condiciones, decidimos parar en el pueblo y dirigirnos, paraguas en mano, hacia la Casa del Parque, centro de interpretación del parque natural, donde nos dieron toda clase de información de la zona. Era su primer día de trabajo de la temporada. Me gustó especialmente la exposición de fotografías de Ángel Araújo.

   Entre las rutas descritas figuraba la del Mirador de las Escaleras o Caseta de los Carabineros. Dejaríamos el coche en la Ermita de Santa Cruz (con restos Visigodos y Romanos) para continuar el camino por un sendero bien despejado. Hacia allí nos fuimos en un descuido del temporal, sospechando que podría descubrirnos en cualquier momento y en mitad del monte, pero no quisimos dejar pasar la oportunidad de asomarnos al Duero en esta parte de su recorrido. El tiempo que paramos allí fue muy breve, la caseta es un montón de ruinas sin techo, desde donde, no hace tanto, se vigilaba el contrabando procedente de Portugal. La vista a los ojos del turista es fantástica. No monté el trípode, soplaba demasiado viento. 

   Si te fijas bien, en la foto asoma la tormenta que nos alcanzó antes de llegar al coche. No nos importó mojarnos. 

   "No sólo llueve sobre los campos, también sobre esa otra tierra fértil que son las soledades camperas. Porque es ahora cuando menos otros encontraremos a la intenperie. Aunque con precaución, a la Naturaleza hay que conocerla con inclemencias y en la lejanía de lo seguro y masivo."
                                                                                                                         Joaquín Araújo

Cuestión de altura



   "Os gustaría elevaros hasta las nubes y las consideraríais altas; y os gustaría pasar sobre el vasto mar, y a esto le llamaríais distancia. Pero yo os digo que, cuando sembráis una semilla en la tierra, alcanzáis una altura mayor; y que cuando elogiáis la belleza de la mañana y saludáis a vuestro vecino, cruzáis un mar mayor".

                                                                                     G. Jalil Gibrán: El Jardín del Profeta.

Castillo templario. De cerca



Para mí su cara más bonita, desde este lateral el castillo nos ofrece su estructura tal y como la dispusieron los templarios. Con la torre del homenaje en el centro (dicen que era más alta) a la derecha la capilla, casi sin ornamentos según el gusto cisterciense y dispuesta como una torre defensiva más. También aparece la torre de Jaime I, donde se cree que estuvieron sus aposentos. Hacia la izquierda aparecen la sala Capitular y y el torreón de las Dependencias. No es dificil, desde esta perspectiva, situarlo en algún cerro de Tierra Santa.

Justo detrás del altar de la capilla (creo recordar que era justamente ahí) existe una escalera, un túnel escarbado bajo la montaña que lleva fuera de las murallas. ¿Qué castillo que se precie no tiene una salida de emergencia?. Soy uno (me gusta pensar que de los pocos) que huyó por ahí, aun sin que nos persiguiera nadie y con la luz de un mechero, salimos del castillo por su puerta de evacuación. Si fuera una construcción moderna, estaría bien señalizado con un cartel verde reflectante, con un monigote dibujado que abre una puerta perseguido por el fuego. Tendría, además, una apertura antipánico. Claro que entonces no estaría escondida detras del altar. Los tiempos cambian. Ya no se utiliza para huir de asaltantes, ni para enviar un mensaje de ayuda al aliado, ni siquiera es necesaria para escapar del fuego. Será por eso que en nuestra última visita la encontramos cerrada. Una lástima, por lo menos ofrecía un bonito rato de aventura.

Castillo de Monzón



Jaime I El Conquistador pasó en este castillo cerca de dos años y medio, al cuidado de los templarios pero aislado del resto del mundo, contaba entonces con 7 años de edad y era el rey de Aragón. En él pensaba cuando, la mañana del día de Navidad, subía al club de tiro, desde donde había previsto fotografiar el castillo. Allí no encontré tiradores, ni pichones, ni platos, ni bar abierto. Dispuse para mí de todo el campo de tiro sin peligro de accidentes con pichones sueltos, ni platos volando, ni posibilidad alguna de sobredosis de cafés con leche.
El caso es que esa mañana me levanté temprano, cosa que he conseguido pocas veces en ese concreto día del año, y confirmado el buen tiempo que habían anunciado, cogí la cámara para salir.
Había tan pocas almas ese día a esa hora, que aún podía oírse el sonido de las espadas en las prácticas para la lucha del niño Jaime. Le imagino mirando entre las almenas hacia esos mismos picos del pirineo, hacia esa parte del reino heredado de un padre que le repudió y al que vió en una sóla ocasión, a la edad de dos años. Le esperan tiempos difíciles, con gran parte de la nobleza aragonesa en su contra y las arcas reales vacías. Desconozco sus sensaciones ante este paisaje, huérfano de padre y madre, custodiado, encerrado entre esas murallas, prisionero de sus protectores... ¿se vería como un rey?.  
Pasará a la historia con el sobrenombre de "El Conquistador", para algunos un gran rey que impulsó la expansión comercial por el mediterráneo, para otros un rey mediocre que dividió el reino. Depende de a quien preguntes.
Al dar por finalizada la sesión, prescindí de la carretera asfaltada y bajé por la ladera de la montaña. Tropecé con el ermitaño de la cueva, un superviviente de los antiguos anacoretas que meditando, ha perdido la noción del tiempo. Me contó que, antes de Jaime I, recuerda el paso por este castillo de un gran guerrero, Rodrigo Díaz de Vivar, que luchó y conquistó Monzón al servicio de al-Mutamin, gobernador musulmán de Zaragoza. Esto, según los libros, sucedió en el año 1.089.

Comienza el invierno

Tamajón, Guadalajara - 20 de diciembre de 2009 - 8:10 AM

"En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante, y detrás de cada noche, vive una aurora sonriente".

Khalil Gibran

Versión otoñal de El Mago de Oz



"Elegí este nombre porque, como en la película, la vida es un camino de baldosas amarillas, en la que andamos en compañía de otros buscando nuestros sueños..."

Txus, fundador del grupo "Mago de Oz"

El Cantábrico



Me preguntaba el motivo por el cual, cada vez que visito esta ciudad, (voy por trabajo y dispongo de poco tiempo libre) no puedo dejar de pasarme por su bahía o algún punto de su costa (como si no tuviera Santander otra cosa que ofrecerme).
Lo fácil era pensar que viviendo lejos del mar, quisiera ver algo distinto de lo que para mí es habitual. Esa era la respuesta fácil. Pero debía de haber algún otro motivo de mayor peso por el que, sin planearlo, me lleva (como un zombi) a asomarme frente a su costa.
Si fuera por ver algo "diferente", llegaría el día en que me quedase en el hotel viendo la tele, y eso no sucede.  O buscase, entre los numerosos bares, alguno diferente donde pasar un rato, pero ceno siempre en el mismo. Así que estoy convencido de que el Cantábrico ejerce en mí un embrujo poderoso (no se me ocurre otra forma de llamarlo), que de manera automática, me presento con cualquier escusa en uno de sus miradores.
Planteándomelo así, en la siguiente visita podría hacer lo contrario y evitarle, no acudir a esa cita obligada y ver si soy capaz de romper su influencia. Pero sé que es una reacción absurda, el encuentro es totalmente interesado para mí, (ahora conozco el motivo) de allí me llevo su optimismo, me llevo su fuerza y a cambio le dejo algún que otro problema y alguna que otra neura.

En el ojo del huracán.



"A lo mejor es cierto que el verdadero viajero se halla continuamente en el ojo del huracán. El huracán es el mundo, el ojo, aquello con que el viajero contempla el mundo. La meteorología nos enseña que en el interior de este ojo reina la calma, tal vez la misma calma que en la celda de un monje. Quien aprenda a mirar por este ojo, quizás aprenda también a distinguir lo esencial de lo fútil o, cuanto menos, a ver en qué se diferencian y en qué son iguales las personas y las cosas".

                                                                                             Cees Nooteboom: Hotel Nómada

Tierras del Cid



Aunque se le conoce como "El castillo del Cid", no parece probable que fuera el castillo donde realmente viviese, ya que su construcción es del siglo XV y el famoso guerrero vivió en la segunda mitad del siglo XI. Se desconoce la fecha exacta de su nacimiento, se sitúa sobre los años 1.040, 1.048 ó 1.050 en el pueblo de Vivar, muy cerca de Sotopalacios, lugar donde se encuentra este castillo. Podría ser, cuanto menos, que se construyera, tal y como dicen, en un solar propiedad de la familia. El Cid murió en Valencia en el año 1.099.


Desde el pueblo, tienes que salvar un pequeño riachuelo mediante un puente de piedra. Lo encontré con andamios desmontados en unos de sus laterales, con una hormigonera en el patio y totalmente restaurada su muralla. El campo colindante recién labrado y un cartel en la entrada de "Propiedad privada. Prohibido el paso".


Este no fue el paisaje que vivió el Cid, pero allí sentado, tuve la sensación de que algo parecido debió encontrarse. Es un paisaje medieval o, mejor dicho, un paisaje tal como me imagino que fueron los paisajes medievales. Hay otras y mejores tomas desde las que mostrar el castillo, pero me gustó esta perspectiva porque conseguía evitar casi cualquier elemento que, seguro, no hubiese pertenecido al S XI. Y como imaginar es fácil... imaginé al Cid mientras miraba por el objetivo. Luego en casa, traté su imagen con Photoshop.

De reflejos y un barco




Con el mar en retirada, me fijé en los reflejos, y en el barco saliendo de la bahía.

Cielo o playa


Dicen las buenas costumbres de composición fotográficas, que la linea divisora del horizonte es mejor posicionarla en una vista alta, para dar preferencia al suelo o en una vista baja, si se quiere favorecer al cielo, pero evitar dejarla en medio. Mas o menos, es una regla que voy siguiendo, aunque a veces, a veces, me es imposible decantarme entre el cielo o la playa.